martes, 26 de agosto de 2008

Autoauyudadme

Vivimos unos momentos en los que el rumbo de la literatura pasa por comprar libros que estén en listas de "Best Sellers" para luego ni leerlos (¿Quién nos obliga a ello? Por favor...), y eso siendo optimistas.
Ya nos fastidia ver una película subtitulada porque "hablan raro" y "además hay que leer lo que dicen", y a lo máximo que llegamos es a (h)ojear los folletos de tal o cual superficie comercial, porque no somos tontos, como mucho lo parecemos.
Por desgracia, parece que los libros de autoayuda, conocimiento y superación personal, etc. tienen que ser la nueva luz que ilumine nuestra existencia consumista y de final oscuro y deudor.
No nos valemos por nosotros mismos y claro, tiene que venir el Catedrático de ni se sabe dónde a darnos los pasos (previo pago) para que podamos salir de ese pozo amargo que es nuestra propia incapacidad.
Lo que hemos aprendido no hace mucho en las apasionantes historias de los libros de verdad, los de Verne, Salgari, Borges, Calvino, Sábato, Gwendolyn Valencia, Mendieta, Samobar,... la literatura con mayúsculas parece que no está de moda.
Tenemos que seguir encorsetados a eneagramas, zodiacos, calendarios chinos y demás soluciones a nuestra "personalidad tabulada".
Acabamos creyéndonos en una tipología determinada por pura necesidad. Nos cuesta tanto definirnos a nosotros mismos que ahora va a venir el iluminao de turno a decirnos de qué molde hemos salido. Lo que faltaba.
Mark Spencerson (Albacete, 1956), explica todo esto en su última obra, volvamos a la buena literatura, la que enseña sin pretenderlo porque enriquece la inteligencia. En lugar de tantas vueltas al puñetero queso, comámoslo de aperitivo con un buen vino mientras volvemos a los clásicos de antes y de ahora, que esos sí que alegran y tiremos a la papelera tanta autoayuda innecesaria.

Y el que la necesite que la pida, se compre un buen libro, y un buen queso. Con eso ya puede ir tirando unos días...

¿POR QUÉ NO OS COMÉIS EL QUESO? Mark Spencerson. Editorial Currito. 140 págs. 18 €

6 comentarios:

de la Loma dijo...

Bueno, parece que siempre ha habido mercado para recomendar y por ello dirigir un poco los gustos y caminos de la gente...libros de autoayuda...libros de crítica... libros que ayudan a leer otros libros..revistas "especializadas".."popes" qu escribien libros en plan "guru"...y puntos suspensivos.....

John F. Absolut dijo...

Estoy de acuerdo con Mark Spencerson, debemos leer menos "critica de libros" y más libros.
Y la autoayuda viene de uno mismo, con un buen libro (que no sea de autoayuda) al lado ya tiene media solución. Dependemos demasiado de lo que cuentan, lo que he oído, lo que vi en internet o lo que la tele ha dicho.
Aunque... ¡el primero que no haya leido nunca su horóscopo que levante su libro de autoayuda!

Mario dijo...

Yo voy a seguir los consejos de este libro, empezando por dejar de leer este blog.

Si criticamos lo que hacemos, mejor dejarlo antes de empezar.

Buena suerte...

ehpero dijo...

Tienes toda la razón. Voy a dejar de escribir en este blog por unas horas.

¡¡Buena suerte y hasta mañana, Mario!!

;)

Nino Ortea dijo...

Lo confieso ¡Me he vuelto adictum!

Añadido lo he este compendium de sabiduriae a mi pliego de favoritos.

Me encantó esto de venir y enloquecer con la sapienciae atesorada en estas páginas.
¡Y es sólo el principio!
Ah, docto EhPero, ¡qué callado te lo tenías en aquellos tiempos en los que yo te hablaba del Mar, y tú me llamabas marinero!

Aquí he encontrado mi manual de autoayuda, y he perdido mi último vestigio de cordura. No soy el único que cree que llegado el momento, conviene mirar un poco más el ombligum propio, y un poco menos el culum ajeno.

Como prometer es de ilusos, ahora mismo hago una promesa:

¡Mañana vuelvo a la misma hora,… Más vale que esté la mesa puesta!

Bueno, salgo a buscar el amor, con las uñas con los dientes. Saldré a buscar el amor ese amor que a mí me quiera….

Ah, si alguna caritativa lectora quiere autoayudarme, mi número no viene en la guía.

ehpero dijo...

Don Nino, qué Mar.... está usted hecho.

Es un placer tenerle en esta familia de falsos imitadores de cuerdos, ahora esta biblioteca imaginaria se llenara de prosa de la buena, de esa que juguetea con el corazón (rozándolo incluso), para volver la mente poesía (o crítica de tebeos, que para el caso es lo mismo).

Sea puntal, venga y enloquezca, yo seguiré visitando su incomparable blog.

Cuídese y hábleme del mar, marinero